lunes, 9 de abril de 2012

Venecia

Un cambio de celda entorpece la huida de Casanova.
En la cama
no sufre el dolor de la osamenta húmeda
como los criminales subterráneos.
Se cumple la teoría de los rostros.
La belleza no encuentra un efecto pernicioso en el agua, su maldad,
la maestría en la deformación del esqueleto
que comienza por retorcer las manos.

 ¿Has hablado con alguien?, me preguntas, con la esperanza de que se produzca mi conversión en las iglesias.

La familia se interesa por la creación de nuevas amistades. Quizás alguien me dirija la palabra cuando me vea interesada en la tortura y conversemos sobre el terror y lo sublime de las ciudades que desaparecen, acqua alta.

Elijo un hotel en otra isla para poder marcharme cada día sobre el suelo verídico de las barcas,
para contemplar desde más cerca la fachada de los palacios,
únicamente comprensibles desde la ciénaga.

4 comentarios:

  1. Estás que lo partes, cabrona. Corrige una erratilla: "Quizás alguien me diriga la palabra". Y enhorabuena de nuevo por las afinidades electivas (y gracias por la mención)

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  2. ¡Gracias! Corregido (achacaré el error al hecho de ponerme a publicar a las dos de la mañana). Gracias de nuevo (y de nada).

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  3. Interesante poema. Otra "erratilla": 'huida' no debería llevar tilde.

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