sábado, 18 de mayo de 2013

Eficacia


Es un crimen
no obedecer a la anfitriona.

Es un crimen
no visitar La Haya.
Como huésped, olvidas
que el tiempo no es hospitalario,
es absoluto.
La anfitriona
prepara su boda y te persigue
(recorta su vestido, extiende sus collares
con vueltas de recuerdo).

Abandona la idea del paseo.
La lentitud del sol,
el paisaje y las bestias son mediocres
y la altura del agua es artificialmente estipulada
-rudimentos de ingeniería hidráulica-.

Tu esperanza reside en el salvajismo de la oca.
El ataque violento,
un relato irrisorio.
(La oca es
el mejor vigilante de tu casa,
persistencia y graznido).

Abandona la idea del descanso.
Como invitado, debes llegar hasta La Haya,
única alternativa a los suburbios.

Aquí solo se vive.


(Para Marina y Carlos, los mejores anfitriones, apelando a su sentido del humor)

2 comentarios:

  1. Pienso en la Corte, que tan anfitriona. O la oca, su terrible grito nocturno. Fatal!

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  2. Tiene gracia, Darío: justo estaba pensando en el absolutismo, en una monarca absoluta, cuando lo escribí.

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