martes, 3 de septiembre de 2013

Keramikos

 

En busca de un dios de cementerio
encontramos un chiste: la sexualidad de la tortuga.

Malinterpretamos
la batalla de su grito de hombre, agudo,
acompasado sobre la bestia hembra,
conformismo fecundo.
Se reproduce dentro de su losa.
Camina dentro de su losa.

Supusimos su cuerpo
blando e inofensivo como la enfermedad,
la fealdad,
pero tenía boca de ave
y bellas garras.
Guardamos la distancia de su pico sin dientes.

También descubrimos su cadáver.
La tortuga, en su ciclo de vida, no alcanza a salir del cementerio.
Parsimoniosa, muerta, longeva, multiplicada,
no conocerá cada rincón,
su ubicación ni la importancia histórica
de este centro de interés -península-
que comparte las tumbas de sus héroes.





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