sábado, 12 de abril de 2014

El hombre blanco




Hay cosas que se quedan, como dulces
pegados a la boca.
Tijeras con finales para niños.
Juegos de sobremesa fácil.

En tamaño carné, un poco de familia y amistades.
El sombrero que no me hace justicia.
Como decoración, un gato de metal.

A la altura de los ojos acostados, una lámpara quema en los descuidos.
Un manual explica la falsa genialidad de los dibujos.
El hambre se dedica al fondo de un cajón.

Hay cosas que respiran, como un vaso
para la sed de madrugadas.
La escarpia de un espejo.

Tras la puerta,
las zancadas del hombre blanco.

4 comentarios:

  1. Me gusta la libertad total de tus versos y ese final sugerente detrás de la puerta.
    Palco de la Sevigne

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  2. A mí también me gusta mucho ese final

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  3. Maravilloso, María. Empieza como una nana y luego te invade la frialdad de lo metálico.

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