lunes, 2 de abril de 2012

Maquillaje


We accept her. One of us.
"Freaks", de Tod Browning

El padre deja dicho que su hija le maquille.
Que le pinte la cara, dice. Darle vida.
Pero es otra la experta en los parecidos razonables.
Hacia atrás,
estira de la piel desde las sienes,
recubre las edades con brochazos de tierra,
explota este lunar, afrancesado
grano de belleza.
Un toque final:
sobre los ojos, el lapichero khol de los sarcófagos
y derechito al Valle de los Reyes.

Qué buen trabajo.
Parece que sonríe.

Ella, él, lleva la caja colgada de la nuca,
el maletín repleto de pinceles
que ha de abrirse allí donde se pida:
sobre la mesa, desenrolla la ley
de instrumentos estéticos, pigmentos
mataputas,
victoriana, quirúrgico
viajante a domicilio de cuchillos.
Se retransmiten películas de infancia,
serán magnánimas las guarniciones de la reina.
Y aquí no pasa nada,
o pasa en todas partes,
o podrían pasar cosas peores.

De vanidad, ella sola
se corta la cabeza.

Y el padre que baila, que pide
maquillaje, la gran nariz aséptica
del médicamente disculpable
doctor Peste.
Para obtener un resultado óptimo
se utilizan las crines de la cebra:
Déjame en paz.
Ayuda.

Y ya no saben
si son feria o son circo:
mujeres calvas de campos genocidas
exhibidas encima de carretas
(camisones y lazos, cabezas de alfiler)
o trabajadores de la pista
-mascarada completa, el magnetófono,
los gritos, los golpes, las caídas,
el maquillaje espeso, tú, payasa,
y el público muerto de la risa-.

 
De "Mortífero, ingenuo y transparente", Ed. Vitruvio, 2014

domingo, 18 de marzo de 2012

Desahucio (o piel)

Con orgullo, afirmo que mi piel me pertenece,
comienzo con su nombre.


Inconsciente -con toda esa grandeza-
la doy por supuesta, merecida,
igual que en un principio,
cuando jugué con ella y me sangró
infantil, deliciosa.
E infantil, deliciosa,
le construí una costra y la arranqué.
Adicta, circular.
La ensucié en este barro
para que mi madre se alegrara
un poco antes de la cena,
para lavarla juntas dando golpes
sobre el agua y en las profundidades
de la bañera rota,
de todos los fluidos.


Mi piel nació conmigo y conmigo se estira,
no sé si a la par o me persigue.
Prefiero aventurar que me aventaja, ella crece
y tengo que esforzarme
para estar a su altura.
Se cansará de todo antes que yo.


Pero y si es un error. Y si mi piel es de otros.
Sobre ella marcan
el corte de pedazos aprovechables,
desprendiéndolos cuando han ganado.
Y la sangre, privada de su casa,
cae,
legal y gravitatoriamente,
por contrato.

martes, 13 de marzo de 2012

Recital de Deborah Antón, Jesús Calonge, María Castrejón y Antonio Rómar, el 14 de marzo en Huertas 14



ROAD MOVIE

Yo era tan pequeña
que era incapaz de aburrirme.
El verano era una época tranquila,
árida en amigos y en conceptos.
Cogía infecciones de oído,
llevaba unas mallas amarillas
y me peinaba hacia atrás con una coleta.
Pasaba el mes de agosto con mi padre,
metida en la piscina.
A veces nos íbamos a recorrer
la provincia en su Jeep descapotable.
Bordeábamos la costa.
Pasábamos por pueblos habitados
de gente que comía caracoles
con las sillas puestas en la carretera.

Un día paramos a cenar en una terraza
rodeada de gaviotas
y de locales sacados de los años 70.
Todo estaba desolado y era hermoso
como cualquier fotografía borrosa.
Pedimos unas hamburguesas y ese fue el día
que me animé por primera vez
a probar el ketchup.

Con la mostaza
tuve que atreverme por mi cuenta
años más tarde.

De "Menos Amélie, más Clarissa Dalloway", de Deborah Antón.


EDUCACIÓN

Fui acusado de robar antes de saber lo que significaba esa palabra.
Llamaron a mi madre, y delante de toda mi clase me culparon a través de una extraña lógica.

No dije nada, recuerdo el miedo masticando mi capacidad de defenderme.
Los infinitos dedos de los profesores llegaron a jugar con mis sueños.

En clase de religión hablaban de que todos nuestros actos serían vigilados por el cielo.
Pero yo sabía que Dios no estaba allí.

Me pasé muchos años odiando sus hipócritas letras, sus ecuaciones espantosas, sus divisiones de odio.

Al final hubo un incendio en el colegio por la gracia de Dios. Y sí, yo sabía lo que significaba esa palabra.

De la plaquette "Disparo contra la cúpula", de Jesús Calonge.


FRAGMENTO DE "POEMA A DOS VECES":



María Castrejón y Alicia García Núñez


abintestato
de la voz y en herencia la mirada
éste es el falso siglo de los niños
ahora que los animales duermen.
todos los animales y los niños
han permitido al hombre su poder.

incluso en la más oscura edad
nacen críos sin pupilas de este mundo.

la verdad os hará mimbres,
os hará caballos y perras,
viene ya viene,
está mirándote al horror.

De "Diversos destinos consulares", de Antonio Rómar

domingo, 11 de marzo de 2012

Ha muerto una señora respetable



Ha muerto una señora respetable.
Austera, castellana,
los poros obstruídos de justicia.

Cayó por la escalera del 115.

La perseguía el fantasma de una rubia de bote.

Cada noche, se inclinaba en su boca, le exhalaba
el vaho oxigenado,
el carmín derretido,
el mechón suelto.

Era fácil su carne transparente,
albina de rezos y potajes;
la seguía
corriendo por todos los pasillos,
la alcanzaba
en puertas con el pomo al otro lado.

La dama tenía miedo
del rímel que huía de sus ojos,
espantado
por bolsas de resaca y raíces negras;
sentía pánico
por la verbena alcohólica
que gozaban sus labios, estallido
de piernas sebosas de deseo,
a fuerza de placer, erosionadas,
moldeadas a base de mordiscos.

La muerte, natural, fue de la dama.
Una rubia platino se suicida.

domingo, 4 de marzo de 2012

Joven caballero en un paisaje*


No os preocupéis de vuestra vida, por lo que habéis de comer (...)
Lc 12, 22

No comas.
Deben verse los huesos.
Consejo del coreógrafo George Balanchine a una bailarina


 El hombre que ha venido a salvarnos padece de anorexia.

Ha llamado a la puerta. Ha ofrecido la pose para la caja oscura: unos minutos de apoplejía sostenida por las invenciones de madera. Se evita el arbitrio de las vértebras.

La letanía ha nacido de la elegancia:
Deben verse los huesos.
Deben verse los huesos.

La armadura le huelga, le forma llagas de enfermo hospitalizado en las uniones. O de rey que asiste a misa desde la cama.

"Avanti!", soldado, como una bailarina: a pesar de la sangre entre los dedos. Hinca bien las rodillas en las oraciones y el estupro: tu admonición se lanza desde la nueva tapicería del tresillo.

Te colgarán según las leyes de la museología
en la cámara egregia de palacio.

Para ti están desollando a los visones:
morir desnudo siempre fue ridículo.


  

(*) Cuadro de Vittore Carpaccio


In Absent(i)a, 2011